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Mark Engler es escritor y activista de Des Moines, Iowa, que vive en la ciudad de Nueva York. Es el autor del libro Cómo dominar al mundo: la batalla que se acerca por la economía global (Nation Books, 2008).

Mark es analista con Foreign Policy In Focus. También es comentarista para el Institute for Public Accuracy y el Mainstream Media Project.

Mark trabajó previamente con la Fundación Arias para la Paz y el Progreso Humano en San José, Costa Rica, y es miembro del sindicato de escritores EEUU, el National Writers Union (UAW, Local 1881).



Mark Engler


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    Rebelión


    Espías en la ONU y Mentiras sobre la Guerra en Irak Espías en la ONU y Mentiras sobre la Guerra en Irak
    Mientras que espiar a sus propios aliados no es inusual en la ONU, nuevos cargos contra los EE.UU. y Gran Bretaña pintan un retrato condenable de su indigno empuje hacia la guerra en Irak.
    Por Mark Engler
    Traducido por Louis J. de Deaux
    13 de marzo de 2004


    Ahora sabemos, por revelaciones en Gran Bretaña y de funcionarios mayores en las Naciones Unidas, que organismos de inteligencia de los EE.UU. y Gran Bretaña espiaron agresivamente a diplomáticos de la ONU--desde Kofi Annan y Hans Blix hasta aliados de México y Chile--para prevenir cualquier demora en la invasión de Irak. A medida que surgen mas detalles nefarios, se vuelve mas claro porque las agencias de noticias de los EE.UU. que hasta ahora se han interesado en sondear estas revelaciones deberían fijarse en ello nuevamente. La historia eleva nuevas preguntas sobre si el pueblo Americano tendrá una oportunidad de examinar el registro completo de como nuestro país fue llevado a la guerra.

    Para aquellos que le hacen seguimiento a la diplomacia internacional, no es sorprendente oír que el espionaje se sucede en las Naciones Unidas. Pero este hecho no debe oscurecer el panorama mayor. A la luz del desmoronado caso del Presidente urgiendo a la guerra en Irak, sin duda muchos Americanos estarían interesados en saber acerca de los esfuerzos clandestinos para prevenir que los aliados implementaran una resolución de la ONU que hubiera otorgado mas tiempo para la inspección de armas.

    El Jueves pasado, la ex-miembro del gabinete Clare Short destapó cargos que su gobierno secretamente grabó conversaciones privadas sobre delicadas negociaciones del Secretario General Kofi Annan durante las semanas previas a la invasión. El Sábado, el inspector de armas Hans Blix acusó a los proponentes de la guerra de espiarle también, indicando que un funcionario de la administración Bush le había mostrado fotografías que solamente pudieron haber sido tomadas por medios inescrupulosos.

    Estas revelaciones son apenas los mas recientes pedazos de malas nuevas para el Presidente George Bush y el Primer Ministro Tony Blair, quienes enfrentan injurias por el trato dado a sus aliados como México y Chile, quienes estuvieron en desacuerdo con su postura militar en Irak. El pasado mes de Marzo un soplón de la inteligencia Británica divulgó un memorando al Observador de Londres (London Observer) mostrando que los gobiernos de Bush y Blair estaban secretamente escuchando a seis miembros no permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU.

    El memo desmiente pretensiones que la Casa Blanca veía la guerra como el último recurso. En una gran chiva, el Observador explica que la divulgación sugiere que "a pesar que los EE.UU. estaba de acuerdo en conceder mas tiempo para encontrar una resolución, secretamente utilizó la inteligencia obtenida del espionaje efectuado sobre esas negociaciones para destruir la última esperanza de una resolución de la ONU" que posiblemente hubiera prevenido la invasión.

    "A cada paso," sostiene el periódico, la operación de inteligencia "intentó socavar las deliberaciones independientes del Consejo de Seguridad cuando se encontraba al borde de la guerra."

    El testimonio mas revelador proviene del antiguo Embajador de México ante la ONU Adolfo Aguilar Zinser, quien dice que, con los conocimientos de las negociaciones independientes obtenido por los espías, los EE.UU. intervinieron para prevenir una resolución de compromiso. "Cuando ellos [los EE.UU.] se enteraron, dijeron que deberían saber que no les gustaba la idea y no la promocionaban" dijo el. "Estabamos buscando un compromiso y ellos dijeron, 'No lo intenten.' "

    La Casa Blanca tiene mucho que explicar, y debe ser empujada por los periodistas a hacerlo. Por eso es que el público Americano está siendo mal servido por informes que menosprecian la vigilancia como una práctica común.

    El New York Times, mientras publicaba artículos sobre como estallaba el escándalo del espionaje en la Gran Bretaña, ha tenido la tendencia de disminuir los cargos de espionaje contra Blix, Annan y otros aliados. Los editores han hecho énfasis que "Espiar las conversaciones aun de diplomáticos amistosos tiene una larga historia, y aquellos que siguen los temas de inteligencia no se sorprenderán por las recientes alegaciones." Los Times sostiene que "La noticia aquí sería menos la vigilancia y mas la disposición del antiguo funcionario del propio partido de Mr. Blair en revelar información tan sensible en público."

    Esta posición no ve un punto clave. Aun si la vigilancia en la ONU no causa impacto, los informes sobre actividades encubiertas por los EE.UU. y Gran Bretaña revela información indigna sobre como estos gobiernos emplearon la fuerza para empujar a sus aliados hacia la guerra. Igualmente, la idea que la Casa Blanca veía a Hans Blix, cuyas inspecciones procedían exitosamente en apoyo al militarismo de los EE.UU., como el enemigo, es ciertamente digno de atención. El British Independent escribe, "La supuesta intervención del Dr. Blix... se está viendo en círculos diplomáticos como un esfuerzo concertado para sabotear intentos a una solución pacífica de la crisis en Irak. "

    Inclusive el Times reconoce que "si las comunicaciones del Sr. Annan fueron interceptadas, leyes, junto con la loza diplomática, pueden haber sido rotas," y que también se puede haber producido daño substancial" si Annan no estaba legalmente habilitado par trabajar efectivamente. La agencias de noticias de los EE.UU. deberían estar trabajando para determinar como la información sobre Annan y Blix obtenida ilícitamente fue en realidad utilizada, y que "daños substantivos" resultaron de su uso.

    Además, es claro que gran parte del mundo ve con desprecio el espionaje previo a la guerra. En semanas pasadas, la historia se ha calentado en México y Chile, cuyos funcionarios gubernamentales han alojado protestas oficiales. Bajo intensa presión diplomática para cooperar con el esfuerzo bélico de los EE.UU., muchos funcionarios extranjeros callaron cuando el memo fue inicialmente revelado. Pero ahora esa renuencia ha desaparecido. El actual Embajador de México ante la ONU, Enrique Berruga, caracteriza el espionaje como "un serio rompimiento con las reglas de juego en el mundo de la diplomacia multilateral."

    En Gran Bretaña, Blair trata de aquietar el escándalo retirando los cargos en contra del agente responsable por divulgar la noticia del espionaje. Desafortunadamente para el, nuevas alegaciones provenientes de Clare Short y Hans Blix surgieron a los días, haciendo probable que por lo menos el público de Gran Bretaña tenga la oportunidad de obtener un claro vistazo a las feas tácticas usadas para empujar la mas reciente guerra del golfo.

    La indolencia de los medios hacia el espionaje en la ONU quizás no sea sorprendente, dado que los Americanos rara vez dan mucha importancia a la opinión internacional. Pero el éxito del Presidente Bush en ofender la comunidad mundial es cosa seria. Cualquier persecución eficaz contra redes terroristas requerirá de cooperación internacional y el uso responsable de las agencias de inteligencia. Las acciones de los EE.UU. en contra de sus aliados que se opusieron a la guerra en Irak no ayudan hacia ese logro.

    En meses pasados, a medida que han sido sometidos a mayor escrutinio, los grandes razonamientos usados para justificar la guerra en Irak han sido progresivamente desgastados. Antes de las elecciones de este otoño, las tácticas usadas para empujar la guerra en el escenario internacional merecen una completa examinación. Reporteros y funcionarios elegidos deben aprovechar las oportunidades para arrojar luz sobre las maniobras diplomáticas previas a la guerra y hacer preguntas fuertes acerca de los impactos duraderos de las políticas de la administración de Bush.

    La animada discusión que ha surgido en el extranjero es un excelente lugar para comenzar.


    -- Mark Engler, escritor que vive en la ciudad de Nueva York, puede ser contactado por medio del sitio web www.DemocracyUprising.com. Jason Rowe brindó asistencia en la investigación.

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